Instituto Renacer
Pastores Abandonados
Publicado por Instituto Renacer - 01/07/10
Es curioso, pero ¿serà posible que los hayan? Claro que sì, cuando tuve la oportunidad de viajar a Huànuco y visitar algunos pueblos de esa zona, me vi con la triste realidad de que asì como existen iglesias abandonadas a su suerte, tambièn existen pastores abandonados por sus propias iglesias y/o denominaciones que los enviaron.
Conversè con varios de ellos, quienes conscientes del llamado que Dios hizo a sus vidas para enseñar y predicar su Palabra fueron enviados por sus iglesias , en algunos casos sostenidos por èstas y en otros sostenidos por la providencia. Especialmente estos ùltimos son los han podido ver la mano de Dios, pues al no tener un respaldo econòmico se han visto en condiciones difíciles para la provisiòn bàsica de sus familias, ante la indiferencia de su respectiva directiva organizacional que, a mi entender, muchas veces sin tener un plan adecuado para preveer situaciones como èstas, los tienen realmente abandonados.
Esto puedo entenderlo si se tratara de una entidad secular, pero tratàndose de la iglesia del Señor, que debe ser “columna y baluarte de la verdad”, y que debe dar un verdadero ejemplo de ayuda y atenciòn, especialmente a los siervos que ministran la Palabra de Dios, pues causa una pasmosa vergüenza. Pero esto demuestra una vez màs que los hombres fallan, las directivas fallan, las iglesias fallan, los planes misioneros humanos fallan, pero el infalible es Dios.
La biblia dice: “Digno es el obrero de su salario” (1 Ti. 5:18). Es claro, que esto se aplica a los siervos de Dios que ministran y enseñan con devociòn su Palabra, y no es el epìteto que hay que poner en la làpida de un siervo que recibirà su recompensa en el cielo, porque aquì en la tierra nadie se la dio. Lamentablemente en algunas denominaciones existen unos pocos consentidos que reciben su salario, una especie de privilegiados que fulguran con luz propia, son los acadèmicos eficientes que pueden mordiscar la exquisita torta que a los demàs se les ha prohibido.
Mientras que el dinero chorrea para unos, para otros existe la sequìa. Esta antojadiza tendencia no creo que haya sido creada por el Señor, no pienso que haya alguien que con atrevimiento diga:”soy merecedor de esto”, y otros que se sienten agarrados del cogote digan: “tal vez sea asì la voluntad de Dios”.Sino que es el producto del lànguido sistema que nos gobierna creado según la voluntad de los hombres, para beneplàcito de ellos, pero para decepciòn de Dios.
Me parece insubstancial pensar que esto estè dentro de la voluntad de Dios. La distribución injusta de la riqueza que existe en la sociedad, se percibe tambièn en la iglesia, en la forma còmo las denominaciones reparten sus ingresos y financian onerosos gastos para mejorar las instalaciones de sus templos, para hacerlos màs atractivos. Sòlo hay que mirar el entusiasmo de algunos pastores por tratar de que sus miembros se sientan màs còmodos en un templo moderno condimentado con lo ùltimo de la tecnologìa instrumental, todo para tener una buena apariencia. En algunos casos extremos algunos de estos edificios son suntuosos mausoleos que albergan a una moribunda iglesia. Toda esta cosmètica si no es inspirada por Dios pues necesita ser corregida. Al no estar invirtiendo el dinero de Dios en salvar a las almas, pues hacemos una caricatura de la Gran Comisiòn. Mientras que estemos atentos en acicalar nuestra fachada para ser màs llamativos, mientras nuestra satisfacción estè ùnicamente en deleitar los ojos del mundo; mientras nos preocupemos màs de los bolsillos de la gente antes que de su marchito corazón, entonces seremos màs cortesanos del infierno que del Reino de Dios, porque El “no habita en templos hechos por manos humanas” (Hch 17:24).
Conocì a un pastor en la sierra, que tenìa esposa y cuatro hijos que pastoreaba en una iglesia rural, emplazado por su propia denominación, emprendedor y sufrido, pero abandonado a su suerte, por supuesto saturado con esas palabras que retiñen como cìmbalo de aquellos costosos pastores que ganan veinte veces màs que èl y que con una remilgada y aparente piedad le dicen: “Hermano, Dios te va a sostener, no te preocupes”, y nada màs que eso. A veces le prometen apoyo, pero esa promesa pasa de incògnito, porque es un ayuda incorpòrea, nunca se ve. Sin embargo, este valeroso y decidido siervo cursa diariamente sus oraciones a Dios, por supuesto hay que agradecerle a El que no es ser humano, y percibe su fidelidad y provisiòn, porque es asì como Dios redondea la fe del que le sirve desinteresadamente.
Y es que en la viña del Señor la fogosidad del servicio tiene dos motivaciones o dos fuentes: el interès y el desinterès. En el primer caso aquellos que le sirven porque hay una solvencia monetaria que los sostiene, y en el segundo caso, los que no la tienen, pero le sirven por amor. Y no dudo que haya los que son el producto de la mixtura, le sirven por amor y tienen apoyo econòmico, pero honestamente hablando, admiro màs a los ùltimos.
La majestuosidad del servicio no està en la apariencia, sino en la profundidad. Lo fuerte o lo endeble de nuestra laboral pastoral se ha de verificar cuando estemos en el tribunal de Cristo, pienso que es mejor conectarnos con su voluntad aquí en la tierra, antes que ser humillados allà en el cielo. Y para poder entenderla tenemos que buscarla en el secreto de Dios, en el silbo apacible, en el interior de nuestra alma, antes que en la barahunda de las masas y de la engañosa apariencia.
La bendiciòn material dimana de Dios para que los hombres la administren. La desigualdad en la distribución de ella obedece a intereses egoístas y a la discordancia que existe en el corazón del hombre frente a la voluntad de Dios. Esto sucede tambièn en la iglesias, y dìgame si esto no le hace crispar el alma, cuando sabe que hay “siervos” de Dios que tienen buenos ingresos econòmicos y demàs gollerìas, y hay otros que viven en el marasmo y en condiciones precarias. Lìderes religiosos que gobiernan a su antojo y se benefician a sì mismos, lucràndose àvidamente de sus ovejas con la insensible indiferencia que muestran hacia sus colegas que estàn en la carestìa, y que les dicen: “Id en paz calentaos y saciaos, pero no les dais las cosas que son necesarias para el cuerpo” (Stgo. 2:16). Santiago, pregunta a los siervos que hacen gala de esa extraña fe, “¿de què aprovecha?”. Es cierto esto evidencia un desastre espiritual, un blindaje en contra de la sensibilidad y del dolor ajeno, pues viviendo asì muchos pretenden blanquear sus almas con oraciones farisaicas de congoja, pero sin ningùn cambio de actitud.
Sòlo espero que algùn dìa Dios cambie nuestra mentalidad y que podamos ser ataviados en cuerpo, alma y espìritu del servicio desinteresado y no monetizado de Cristo. Y esto serà posible, cuando Dios nos ayude a amansar nuestro espìritu de aspavientos carnales, y dejemos de adosar el alma a nuestros intereses egoístas, y tambièn dejemos de ver la iglesia como una empresa lucrativa para beneficio de unos pocos privilegiados, sino que la veamos como la delicada novia de Cristo, que delinea los propòsitos de Dios aquì en la tierra y que entre ellos està el ser tratados todos por igual, específicamente hablando de los siervos de Dios; y que su deseo expresado a Isaìas pueda cumplirse cuando dijo: “¿No es que partas tu pan con el hambriento. Y a los pobres errantes albergues en casa; que cuando veas al desnudo, lo cubras,y no te escondas de tu hermano?” (Is.58:7).